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lunes, 26 de abril de 2010

Vivir para cagarla (episodio 13)

Enano piojoso: ¿Phone o no phone?

Lau: Ehh, ¿sí?

Enano piojoso: A ver, díctame...

Lau: (pensando en que podría ser un error) 55 ...

Enano piojoso: Bueno, yo te llamo, ¡nos vemos!

Lau: (esperando que ese "yo te llamo" sea como en otras ocasiones) ¡Nos vemos!


Llegué a casa, me acosté y recibí mensajes del Enano piojoso que me hizo la plática en el lugar al que fui invitada a festejar el cumpleaños de un amigo. El susodicho me invitó a salir al día siguiente, y por un momento pensé en resistirme, pero decidí no ser tan prejuiciosa y fui a la cita; el Enano llevó a un amigo, y pensé que le había dicho que fuera por si la cosa conmigo no funcionaba o se aburría, sin embargo, fue mejor así porque el amigo me cayó muy bien e hizo el rato más ameno.

Primero fuimos a un bar pero estaba muy aburrido, después buscamos otro lugar pero ninguno de los que había en la zona parecía tener un buen ambiente, y nos fuimos a otro lado, a un bar que el Enano conocía; la cosa mejoró, aunque yo seguía pensando que el tipo era un idiota y que su amigo era mucho más simpático. El chaparrito empezó a hablar de sexo y dijo que esa noche debía tener de todo: diversión, alcohol y acostones; inmediatamente empecé a sentirme incómoda, pues me di cuenta de sus verdaderas intenciones y pensé que debí haberle hecho caso a mi sexto sentido, porque el tipo, después de saber que yo era mayor que él y que, según su cabecita, probablemente estaba desesperada por un hombre o algo por el estilo, no pensaba en otra cosa más que en que me acostara con él, y lo hizo evidente con abrazos, caricias y comentarios, aunque yo por mi parte me encargué de rechazarlo, incluso al grado de quitar violentamente su mano de mi pierna (¡pos éste!).

El amigo se fue y el mundo se me vino abajo; me había quedado sola con el Enano piojoso y temí por mi integridad y mi economía. El hombre me invitó a salir pero no fue capaz de comprarme un solo trago, y no me molesta por el hecho de haber gastado, sino porque, según entiendo las cosas, si alguien te invita por lo menos debería tener la atención de pagar lo que te tomas. El Enano me preguntó que si a dónde íbamos, pero le dije que ya no traía mucho efectivo y que no había llevado mi tarjeta para sacar dinero (obviamente era mentira), así que lo que hiciéramos a continuación debía ser barato o gratis, lo cual no le hizo mucha gracia.

Estuvimos un rato más en el bar, hasta que dijo que mejor nos fuéramos. Después de varias bromitas de mal gusto, el tipo sacó el cobre y me dio a entender que el momento del sexo había llegado; yo me resistí por todos los medios, utilicé miles de argumentos y dije barbaridad y media para que me dejara en paz. El Enano no quedó muy convencido, pero finalmente se dio cuenta de que yo no haría nada con él, ni en esta vida ni en la siguiente; yo esperaba que me bajara del coche, pero para mi sorpresa, me llevó a casa (era lo mínimo que podía hacer el muy patán).


Lau: (bajando del coche) Gracias por todo. Estamos en contacto.

Enano piojoso: Sale, nos estamos viendo. (me jala para darme el beso más asqueroso de mi vida)

Lau: (aguantando el asco) ¡Bye!

Enano piojoso: A la próxima, ¿todo completo? (¡por Dios, el tipo no quita el dedo del renglón!)

Lau: (aplicando la psicología inversa) Seeeeeee, claaaaro... A la próxima... (hay que decir que sí, pero no decir cuándo)

Enano piojoso: ¡Byeeeeeee! (pensando: ¡gorda apretada!)

Lau: (al tiempo que me echaba a correr del susto) ¡Byeeeeee! (pensando: ¡enano pendejo!)


Juro por Diosito Bimbo que no pude dormir en toda la semana ante tal amenaza. Cuando llegó el viernes sin una llamada o un mensaje del Enano, me sentí aliviada y mi vida regresó a la normalidad, aunque una sensación parecida a la molestia se quedó en mí.

Como he mencionado en otros episodios de esta serie (que curiosamente casi todos son de citas horribles), no me gusta salir con personas que conozco en internet porque en la mayoría de las ocasiones me ha ido mal y prefiero no seguir arriesgándome, aunque ahora que no conocí al tipo en internet pasó lo mismo y la experiencia fue aun peor. Por otra parte, siempre pensé que los hombres mayores que yo eran más maduros y que con los más jóvenes sabes a qué le tiras porque nunca buscan algo serio, sin embargo, acepto con dolor que ambas teorías estaban equivocadas. Los hombres mayores no son más maduros, sino todo lo contrario, y los más jóvenes, además de querer llevarte a la cama a los cinco minutos, son más idiotas de lo que pensé y, por supuesto, más patanes.

Sé que estoy generalizando, pero después de tantas vivencias terribles, me cuesta trabajo pensar de otra manera. Por un momento creí que no todos los hombres son como los pintan, y aunque no suelo pensar como muchas mujeres en el sentido de que se refieren a los ejemplares del sexo masculino como que "todos son iguales", pienso que me han tocado muchos así, muchos "iguales", y definitivamente ya me cansé de eso. Cuando vuelva a salir fingiré que soy sorda o diré que soy un fenómeno para que nadie se me acerque (no puedo decir que soy casada o tengo novio porque pueden salirme con que tengo cara de soltera, como el viejo de este post), creo que después de taaaaantas citas fallidas es momento de que me retire del juego y me dedique a disfrutar mi independencia, que al fin y al cabo es muy buena y me ha traído más satisfacciones que muchos de los hombres que he conocido.

Lau dixit.

viernes, 5 de febrero de 2010

Vivir para cagarla (episodio 12)


El 5 de enero fui a comprar unos encantadores gatitos de tela a una feria del juguete que se puso cerca del trabajo. Cuando crucé la calle un viejo que tenía tipo de cubano, se me quedó viendo raro y quién sabe qué balbuceó. Apreté el paso y huí lo más rápido posible y con ganas de sentarme a llorar, porque no me gustó la mirada de aquel hombre tan extraño.

Justo cuando crucé había una persona disfrazada de Mamá Lucha con una bolsa llena de cuadritos de rosca de Reyes, mismos que volaron en unos segundos, pues bien dice el dicho que gratis, hasta las patadas. Lo mejor de ese momento fue que un tortero de uno de los tantos puestos de comida que había, gritó: "¡Lleve su rosca!, ¡llévela, llévela! ¡Rosca del año pasado, bien rica y bien chingona!" Me sentí mal por la botarga, pero la verdad fue difícil contener la risa.

Cuando al fin compré los encantadores gatitos de tela, me disponía a regresar a otro puesto donde vendían ropita y artículos para Nenuco pirata (no tengo foto, pero la ropita estaba para morirse, y no precisamente por lo linda), cuando me topé con el viejo horrendo ese, y casi me da un infarto cuando me di cuenta de que me estaba hablando.

La conversación que sostuvimos fue la siguiente:

Viejo horrendo: ¿Eres de Guadalajara? (con ojos morbosos)

Lau: ¡No!

Viejo horrendo: ¿Eres de aquí?

Lau: ¡Sí!

Viejo horrendo: ¡Ah!, es que tu cara es como si fueras de allá. (sic) (¿cómo tiene la cara la gente de allá?, ¿todos tendrán una narizota y los dientes chuecos?)

Lau: ¡Pues no!, ¡no soy de allá! (en este punto yo trataba de parecer desagradable para ahuyentar a este hombre)

Viejo horrendo: ¿Y cómo te llamas? Yo me llamo "Vayaustéasaber". Soy de La Habana, Cuba. (la neta no me acuerdo de su nombre, pero me dio risa que dijo que es cubano, como si no se le notara)

Lau: Ahh... Laura... (sí, lo sé, fue pendejismo extremo decirle mi nombre)

Viejo horrendo: ¿Eres soltera o casada? (vaya que iba rápido este hombre)

Lau: ... soltera... (sí, otra pendejada de mi parte)

Viejo horrendo: Tienes cara de soltera... (de todo me veía cara el muy sangrón)

Lau: ¡Ya le dije que soltera!

Viejo horrendo: ¿Y con quién vives?, ¿con tu familia, con alguien más...? Porque tienes cara de soltera. (¿qué parte de "soltera" no entendió este tipo?)

Lau: ¡Ashhh!

Viejo horrendo: ¿Con quién vives?

Lau: ¡¡¡Con mi familia!!!

Viejo horrendo: Ah, ¿y por dónde vives?

Lau: Mmm, por Río Churubusco... (afortunadamente es una avenida laaaarga, así que le llevará tiempo encontrarme)

Viejo horrendo: ¿Por el centro de estudios? Bueno, no... ehh, ¿los estudios?

Lau: ¡No!, ¡más al sur! (en este punto ya no sabía si gritar o echarme a correr)

Viejo horrendo: (con tono solemne) Laura... ¿me puedes dar tu teléfono?

Lau: Psssssss... ¿sí? (el terror me invadía)

Viejo horrendo: (saca un papel mal doblado y una pluma Bic) Anótalo.

Lau: (con la mano temblorosa y tratando de inventarme un número) ¿Ok?

Viejo horrendo: (mira el número) ¿Es el de tu casa?

Lau: ¡Sí! (ya estaba empezando a enojarme)

Viejo horrendo: Mejor dame tu celular...

Lau: (inventando otro número en mi mente) A ver... (¡aaahhh, de veras con este pinche viejo!, ¡todo quiere!)

Viejo horrendo: ¿Y te puedo llamar? (¡cooooño!, ¿para qué pidió el número, entonces?)

Lau: Pssss... pssss, ¿sí?

Viejo horrendo: ¿Y ahorita qué estás haciendo? (seguramente no se dio cuenta de que estaba comprando juguetes)

Lau: Pueees... ¿comprando juguetes?

Viejo horrendo: ¿Saliste a comer?, ¿vas a regresar a trabajar? (por si no se había dado cuenta, en este país la gente por lo regular sale a comer de dos a tres, quizás en La Habana salen a las cinco y por eso piensa que en todos lados es igual)

Lau: ¡No, no salí a comer!, ¡¡¡sólo salí un momento para comprar unos jugueeeteeees!!!, ¡¡¡tengo que regresar a la oficiiiinaaaa!!! (en este punto yo ya había alcanzado la neurosis)

Viejo horrendo: Ahh... ¿entonces no saliste a comer?, ¿vas a regresar a trabajar?

Lau: ¡¡¡Sí!!! (Dios mío, Dios mío, Dios mío...)

Viejo horrendo: ¿Y a qué hora sales de trabajar?, ¿a qué hora entras?, ¿cuánto tiempo tienes para salir a comer?, ¿de qué hora a qué hora comes? (todo un interrogatorio, estaba bueno para la Stasi, la Gestapo o la KGB)

Lau: ¡Salgo a las siete, entro a las nueve, sólo tengo una hora de comida Y LLEVO MIS ALIMENTOS! (¿por qué me habrán enseñado a no ser grosera con mis mayores y contestar lo que me pregunten?)

Viejo horrendo: ¿Entonces vas a regresar a la oficina?, ¿a qué hora sales de trabajar? (¡no puede ser!)

Lau: Brbrbrbrbrbrbr... sí, regreso a la oficina, ¡¡¡¡y salgo a las sieteeeeee!!!! (como diría Delfín Quishpe: ¡Dios mío, ayúdameeeeeeeeee!)

Viejo horrendo: ¿Vas a comprar alguna otra cosa? (¡chale!, no veía la hora en que el tipo se largara)

Lau: Sí, tengo que ir a otro puesto a comprar un trajecito pedorro para un muñeco que mi sobrina adora y que ya no tiene qué ponerse. (obviamente no le contesté eso, mi respuesta llega a la coma solamente)

Viejo horrendo: ¡Te acompaño! ¡Vamos! (el viejo este era muy entusiasta, se me hace que pensó que lo encontré muy simpático y atractivo, pero ni una cosa ni la otra)

Lau: (deseando que se caiga una pila de Xbox o de Nenucos o de Comiditas o de lo que sea que usen los niños de hoy para jugar, y que evite que el viejo horrendo me siga hostigando) ¿Ok? Voy a ese puesto...

Una vez en el puesto de accesorios y ropita para Nenuco pirata, la conversación fue la siguiente:

Viejo horrendo: ¿Para quién estás comprando esas cosas? ¿Eres soltera, no? (otra vez la burra al trigo)

Lau: ¡Para mi sobrina!

Viejo horrendo: ¡Ah!, es que hoy es una fecha importante aquí en México, ¿no? (¿apenas se dio cuenta?, ¿acaso los puestos de juguetes no le decían nada?)

La señora tardó varios dolorosos minutos en darme mi cambio, así que en ese ínter tuve que fingir que le ponía atención al tipejo este y decir cuanta pendejada me venía a la mente, al tiempo que urdía un plan para librarme de él. Ya cuando la ñora me llevó mi cambio, el viejo horrendo continuó hablando:

Viejo horrendo: ¿Vas a regresar al trabajo? ¡Te acompaño!

Lau: ¿Ok? (mi desesperación en ese punto era tal, que vinieron a mi mente miles de ideas absurdas para zafarme de la compañía de este personaje)

Viejo horrendo: ¿Y cuándo te puedo ver?, ¿qué vas a hacer saliendo de trabajar? (el hombre en verdad no pierde el tiempo)

Lau: Tengo cosas qué hacer en casa... (ya mi imaginación no daba para más)

Viejo horrendo: (y metiche) ¿Qué cosas?

Lau: Siempre me llevo trabajo a casa, tengo muchos pendientes...

Viejo horrendo: ¿Y este es tu número?, ¿traes tu teléfono ahorita? (en verdad estaba bueno para detective)

Lau: Ehh... no. Lo dejé. (¿cuándo me iba a librar de este viejo encimoso?)

Viejo horrendo: ¿Y sí es tu número o me diste otro? Dime si no es, para no llamar... (viejo chantajista)

Lau: Ehh... ¿sí?

Viejo horrendo: Hasta aquí te acompaño, tengo que retroceder (ojalá fuera en el tiempo, para no habermelo encontrado), quiero ir a ver una de las computadoras que estaban vendiendo allá atrás (espero que no sea como ésta, jeje). Pero antes dime, ¿sí es tu número? Dime para saber si llamo o no, si me estás mintiendo...

Lau: ¡Ay, ya! Piense lo que usted quiera... (lo dejé con la palabra en la boca y me fui lo más rápido que pude)

Sé que soy de lo peor por no haberle dado la oportunidad a este señor, pero había algo en él que no me agradó. Que me perdonen Papá Orula, Papá Shangó y todos los Orishas por haberme portado así con una persona de su culto (en caso de que lo haya sido), pero no me gustó su trato, ni su manera de mirarme, ni de hablarme ni de nada. Creo que cuando una persona inspira confianza, uno está como sedita, pero cuando no es así, se pone terco como mula. En este post transcribí los detalles más angustiantes y desesperantes del rato en que este señor y yo estuvimos ¿hablando?

He tenido muy malas experiencias con personas que he conocido en la calle, me ha tocado gente muy afectada psicológicamente, y no es por ser prejuiciosa, pero mejor lo evito, para qué buscarle tres pies al cuatro.

Lau dixit.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Vivir para cagarla (episodio 11)

Siempre he sido muy distraida, y si digo muy, es MUY. Como prueba, tengo la anécdota que contaré a continuación:

Cuando éramos chicas, mi hermana y yo siempre, sieeeempre íbamos a la palelería, a la tienda y a todos lados, solitas. Por lo tanto, nos sucedían mil desgracias: se nos perdía el dinero, nos caíamos, no comprábamos todo lo que había que comprar, y una larga lista de etcéteras. Recuerdo que en ese entonces había varias papelerías en la colonia, y asistíamos a cada una de ellas según las necesidades. En una atendían unos viejitos que no sabían nada de nada, y siempre tenían que esperar a que la hija, el yerno o los nietos fueran a resolver las cosas, y como no sabían nada de nada, todas y cada una de las cosas que ahí vendían tenían una etiqueta con el precio. Con el tiempo los señores se fueron adaptando al ritmo de trabajo y al final ellos hacían de todo, pero sin eliminar las estampitas con los precios.

Como toda niña, cuando me caía un poco de dinero (o un tostón, como les decía) lo guardaba para comprar dulces, y como podrán imaginarse, en la papelería de las etiquetitas vendían montones. En una ocasión en la que para variar estaban atendiendo los viejitos, se me ocurrió hacer una pregunta respecto a un dulce que me llamó la atención:

Lau peque: ¿Cuánto cuestan estos de quinientos?

Viejito: ¡¡¡¡Pus quinientos!!!!


¡Chale!, creo que eso más que distracción, es pendejismo. En fin, hasta de chiquito uno la caga.

Lau dixit.

viernes, 23 de octubre de 2009

Vivir para cagarla (episodio 10)

Como ya hacía falta, decidí postear un nuevo episodio de esta serie.


Bien saben los lectores de este blog y una que otra persona que me conoce, lo mal que me va con la gente que conozco en internet (aunque como en todo, hay honrosas excepciones). Por ello quiero compartir esta nueva y edificante experiencia que espero sea del agrado y del provecho de muchos.


Conocí a un tipo (no me pregunten dónde ni cómo, pues ya se sabe) que en un principio me parecía extremadamente aburrido y pretencioso, pero un día, así, sin pensarlo, empezamos a hablar más que de costumbre e inevitablemente me invitó a salir. La verdad no tenía la menor intención de hacerlo, pero pensé que como a fin de cuentas el mono este era inofensivo y súper ñoño, me dije: ¿por qué no? No vuelvo a hacer otra pendejada como esa.


Llegó el día de la cita y creo que todo resultó bien, fuimos a tomar café y al teatro, donde vimos una obra espantosa (no quiero decir el nombre porque puedo acabar con la carrera del escritor, del director, de los actores y dañar de por vida el prestigio del teatro donde la presentan, pero para que sepan es algo así como una mezcla y distorsión de las obras de Shakespeare) y después me dijo que me llevaba a mi casa. Creo que todo marchó sin contratiempos, aunque tampoco sucedió algo sobresaliente.

La siguiente semana me invitó al cine, y como este tipo seguía sin representar un peligro para mí, acepté la invitación. El día llegó y todo empezó mal. A este mono se le descompuso el clutch de su camioneta y tuvimos que irnos caminando. El muy mamón dijo que no le llamaba la atención ninguna película del primer cine al que llegamos, así que nos fuimos a otro y resulta que estaban inaugurando el Tour Francés, y una tipa groserísima casi nos corre a escobazos. Como no sabíamos qué hacer, fuimos a una plaza cercana donde tampoco hubo una película que el señorito quisiera ver, por lo que propuso que camináramos un rato para después ir a comer algo.

Nos sentamos un momento y me empezó a preguntar cosas de mi vida de las cuales no suelo hablar muy a menudo, y no lo hago no porque sea una atormentada que se da navajazos en las piernas o se apaga los cigarros en los brazos, simplemente no lo hago y ya. Por desgracia salió el tema de la universidad (una de las peores épocas de mi vida) y de mi única amiga de la universidad (que después de varios años descubrí que nunca fue mi amiga). Le confesé que me dolió mucho darme cuenta de que mi "amiga" sólo me usaba para sentirse mejor consigo misma (ella sí era una atormentada que jalaba de los pelos a sus novios), pues siempre me consideró más idiota, más fea y más gorda gorda gorda gorda gorda. Así resonó esa palabra en los oídos de este idiota, y desafortunadamente ese fue SU tema de conversación el resto del tiempo que estuvimos ahí sentados.

El imbécil este me preguntó si me sentía gorda, a lo cual yo no respondí, pues creo que eso no es algo que se le pregunte a una mujer. Según yo, cuando un hombre es un caballero y escucha a una mujer decir que está gorda, aunque la dama en cuestión en verdad sea un cerdo, éste dice que no o de plano se calla el hocico. ¿Y saben por qué el caballero mentiría o se quedaría callado? Por educación. El tipejo siguió insistiendo con el tema, me preguntó si aluna vez había ido con un nutriólogo y me dijo que él fue gordo y que en la secundaria le ponían apodos, por lo que decidió hacer ejercicio y así logró bajar de peso. También me preguntó en repetidas ocasiones si como mucho, y me dijo que el peso es una forma de esconder algo, pero yo no respondí nada. Su diálogo para rematar fue el siguiente: SÍ, ESTÁS PASADA DE PESO, PERO NO TE VES MAL, PERO SÍ ESTÁS PASADA DE PESO, AUNQUE ERES MUY BONITA, PERO ES UN HECHO, DE QUE ESTÁS PASADA DE PESO, ESTÁS PASADA DE PESO. No crean que exagero. Así fue. Así, con esas palabras.

¡Desgraciado! A pesar de que notó mi molestia siguió parloteando, pero yo ya no le hacía caso, sólo lo veía mover el hocico sin poner atención a sus palabras. Al final terminamos cenando (raro, no fue tortilla dura, dado que soy una cerda según él) y después caminamos de regreso a donde dejó su pinche camioneta. En la plática durante la caminata volvió al mismo puto tema de la gordura, y yo me armé de huevos y le dije que me molestaba sobremanera hablar de eso y que mejor se callara el hocico (desafortunadamente no se lo dije con esas palabras). Ahí como que ya le cayó el veinte al muy imbécil y mejor cambió el tema. Lo peor es que tuvo el descaro de proponerme que saliéramos ese fin de semana. Obviamente no contesté sus llamadas ni sus mensajes, y ya cuando me dio la gana contestarle el teléfono, le di un pretexto de lo más estúpido (claro que no espero que se lo haya creído, pero no me interesa) y fui muy fría y cortante con él.

Para mi mala suerte, este idiota me invitó a salir a la semana siguiente; yo le puse mil pretextos, pero llegó un momento en el que fue inevitable decirle que sí. Reconozco que me porté horrible con él, pero no me importa. Fuimos primero al cine, pero para variar, el señorito no encontró nada que le gustara, pues obviamente tenía la secreta intención de ir al teatro a ver una obra espantosa en la que sale una amiga de él (que no está gorda), misma que acabamos viendo. Nos fuimos caminando al metrobús y en el trayecto me preguntó si seguía corriendo, a lo que respondí que sí, que lo hago diario aunque no se me note. Él se quedó como pendejo, y tras un silencio incómodo me dijo que nunca había dicho algo así, pero yo le contesté que sí, que lo dijo, y ya mejor cambió de tema, pero se puso peor la cosa, porque mencionó que su ex, en su nick de messenger escribió que estaba enamorada, y le insinué que a él le ardía que ella ya no lo quisiera (puedo ser muy culera si me lo propongo) y total que de cualquier cosa que hablara, yo le llevaba la contraria.

Como ustedes podrán intuir, no volví a salir con él. Aunque parezca raro, y hasta irónico, no me gusta ser rencorosa, pero si hay algo que no puedo tolerar es que alguien me diga gorda, pues aunque lo esté no es agradable oírlo en mi jeta. Tampoco puedo tolerar la compañía de una persona que no me acepta y que me dice así como así algo que me puede herir mucho. Yo nunca le dije que a pesar de que adelgazó tiene un cuerpo horrible (parece perro parado), que está cachetón, que le huele el sope, que le apesta la boca y que en los brazos tiene unos granitos repulsivos que sólo de mirarlos dan ñáñaras. No le dije nada de eso porque para hacerlo se requiere cierto nivel de confianza que no existía todavía entre él y yo, y que gracias a sus acertados comentarios la poquita que había se esfumó. Simplemente no puedo tolerar algo así, porque creo que merezco respeto, y que debo empezar por respetarme yo misma y no aceptar esa mierda de nadie.

No he borrado a este idiota del messenger y también lo tengo en el Facebook (donde me deja comments estúpidos que no me molesto en contestar), pero todavía no sé qué hacer, si borrarlo o no, pues creo que tiene que saber cómo me sentí para que no le haga lo mismo a nadie más. Decidí incluir esta experiencia en mi sección favorita porque pienso que la cagué. Después de que este tipo me dijo lo que me dijo, lo mejor era no volverlo a ver, y ahí voy de babosa al teatro con él. Espero tener los huevos para mandarlo a volar pronto.

Estoy harta de que la gente se quiera meter con mi gordura, pues hago ejercicio, cuido lo que como y trato de tener hábitos saludables para no enfermarme ni padecer por el sobrepeso. Me caga que quieran echar por tierra mi esfuerzo, pues si corro no es para adelgazar y que alguien me quiera (quien me quiera me va a querer si estoy gorda, tuerta o con tres piernas), si corro es porque me demuestro a mí misma que puedo hacerlo y no necesito de la aprobación de unos cuantos pendejos. Por ello, si alguna mujer lee esto, le pido que no permita que la pisoteen así, pues una persona no vale por su físico, sino por su espíritu.

Lau dixit.

lunes, 6 de julio de 2009

Vivir para cagarla (episodio 9)

Esta humilde sección siempre ha pretendido dejar una enseñanza en los amables lectores de este blog. El día de hoy veremos otra experiencia que nos indica que hay que aprender a cerrar el hocico.

Supongo que no soy la única persona que, debido a la naturaleza de su trabajo, se ve en la necesidad de establecer sus relaciones amistosas por messenger. Y no es que esté mal, pero en el trabajo, al menos en el mío, no se puede hablar de cualquier cosa porque existen unas personitas que se encargan de revisar las conversaciones de los empleados para verificar que no se filtre información.



¿Cuál es la primera enseñanza?
Cerrar el hocico, porque como con las Palantiri de El Señor de los Anillos (¡qué referencia tan nerd!), no sabes quién puede estar viendo lo que escribes.

Tengo un amigo que es a todo dar (bueno, no siempre, sólo cuando no habla de dinero y pendejadas que derivan de los temas de dinero), y un día me hizo una serie de preguntas que contesté una por una. Una vez que terminó el cuestionario, me dijo que si no me molestaba que fuera tan curioso, a lo que le contesté que no, que era mejor que me preguntara porque así me evitaba la pena de tener que empezar a hablar de mí por iniciativa propia. Hasta ahí todo iba bien.

Obviamente mi amigo me tomó la palabra con eso de que no me molesta que me pregunten cosas, y empezó a formular preguntas acerca de mi vida y hábitos sexuales. La verdad no tengo ningún problema con mi sexualidad, pero creo que el messenger no es el lugar más apropiado para hablar de esos temas, y menos si alguien revisa todo, absolutamente TODO lo que ahí escribes. Pero pues ni pedo, ahí estuvo Lau de pendeja contestando.

De lo anterior puedo sacar dos conclusiones:

1. Las personas que revisan las conversaciones seguramente piensan que soy una caliente incontrolable que ni en el trabajo puede dejar de pensar en sexo.

2. Mi amigo se la estaba jalando mientras yo le hablaba de mis gustos y preferencias.

Sé que no debí contestar esas preguntas, pero la neta quería que me dejara de estar chingando para seguir con mi chamba. Y así sucedió, dejó de interrumpirme.

¿Cuál es la segunda enseñanza?
No confiar en alguien que te pregunta acerca de lo que te gusta en el plano sexual, porque:

1. Se imagina que hace contigo todo lo que le platicas.

2. Se la jala con una mano y con la otra te escribe.

3. En cualquier momento se sentirá con derecho de proponerte un acostón, porque piensa que cualquiera que hable de su sexualidad sólo busca un acostón.

(Puede suceder lo que se describe en uno o todos los puntos anteriores.)

A la próxima tendré presente que NUNCA le debo decir a alguien, y mucho menos a un ejemplar del sexo masculino, que no me molestan las preguntas, porque corro el riesgo de que salga con una pendejada como esta, y peor aún, terminar respondiendo cosas que sé que no debo responder.

¡Ups! Creo que se ha derivado otra enseñanza...

¿Cuál es la tercera enseñanza?
Decirle PRIMERO QUE NADA a cualquier persona que se quiera poner a hablar contigo de temas escabrosos que TE REVISAN LAS CONVERSACIONES EN EL MESSENGER.

¡Chale! ¿Por qué siempre se me olvida decírselo a la gente? ¡Cuántas preguntas pendejas y situaciones obscenas me habría evitado!

Lau dixit.

viernes, 1 de mayo de 2009

Vivir para cagarla (episodio 8)

(Nota mental: no dar enter en el título, ya que se publica automáticamente aunque no hayas escrito ni madres.)

El otro día salí con una persona a tomarme unos tragos. Hablamos de muchas cosas interesantes y no interesantes, hasta que llegó la fatídica pregunta que todo ejemplar del sexo masculino debe evitar hacerle a una mujer:


- ¿Te gustan los deportes?

- Mmm, un poco, la verdad no sé mucho de ese tema, pero a veces los veo.

- ¿Te gusta el futbol?

- Sólo le voy al Manchester. A ningún otro.

- ¡Ahhh!, ¿entonces estás siguiendo la Champions?

- Sólo me intereso por un partido cuando juega el MAN-CHES-TER.

- Ok. ¿Y sabes cuándo es la final?

- No, no sé, porque ni siquiera sé si el MAN-CHES-TER le va a ganar al Arsenal. No tengo idea. (¿Qué parte de "sólo me interesa el Manchester" no entendió este tipo?)

- Ok. ¿Te gusta el futbol americano?

- Sí, pero sólo me empiezo a interesar cuando se acerca el Super Bowl. Este año estuvo muy bien el partido, como nunca. Qué lástima que ganaron esos putos de Pittsburgh, me caen rete gordos, no sé por qué todo el mundo le va a los Acereros. Yo quería que ganaran los Cardenales.

- Ahh, yo le iba a Pittsburgh, hicieron muy buenas jugadas y... bla bla bla bla bla.


A partir de ese momento dejé de prestar atención a lo que él me decía. Sí, acepto que la cagué, pero la neta este tipo me empezó a caer gordo por ciertas cosas que dijo, aunque la gota que derramó el vaso llegó cuando trajeron la cuenta y yo no hice ni madres, me quedé como estatua, y él se queda viendo el pedazo de papel y me dice: "Esta ronda la invito yo." Pendejo, nomás eso me faltaba, que él invite y yo tenga que pagar lo que me tomé.

Por si fuera poco, al salir me pregunta: "¿Cómo te vas a regresar?" Pinche viejo, ni siquiera tenía la intención de acompañarme, y lo digo con toda seguridad porque nos subimos al metro y ya cuando llegamos a Chabacano me dice: "Aquí bajas, ¿no?" Hijo de puta, después de tanta patanería creo que me quedé corta insultando a sus pinches Acereros, ojalá que le aprovechen los dos pesos que se ahorró al no acompañarme, pues de haberlo hecho habría tenido que comprar otro boleto del metro. Espero que se compre algo lindo.

No creo que me vuelva a invitar a salir, y si lo hace le diré que no, seguramente el muy cabrón me va a decir que ahora me toca a mí la ronda de lo que sea que tomemos.

Ahora sí que la cagué por partida doble.

Lau dixit.

domingo, 29 de marzo de 2009

Vivir para cagarla (episodio 7)

El otro día estaba recordando los inicios de mi vida laboral y algunas anécdotas que sucedieron en esa época, pero hubo una en especial que quise compartir con los honorables lectores de este blog.

Cuando tenía 18 años entré a trabajar a una conocida cadena de clínicas para atender la calvicie (la misma que contrató a Saúl Lisazo para sus anuncios) y me tocaban varios pacientes al día, pero cuando empezaba, pos no eran tantos.


En mis inicios casi siempre me tocaba un paciente que para estar tan joven estaba muy pelón (no sé por qué siempre tiene que aparecer un pelón en mis posts) y un día vi con emoción que de su cuero cabelludo sin remedio salían unos cabellitos muy finos, como de bebé, por lo que deduje que era pelo nuevo y le hice el comentario al chavo este:

-Ya le salió cabello nuevo.
-¿En serio?, ¿dónde?
- Por aquí. (Lau señala el lugar del milagr... perdón, del nacimiento del cabello nuevo.)
- Es tan poquito que casi no se ve.
- Sí, es poco, pero algo es algo, dijo un calvo.

Fuuuuuuuuuuuuuuuuck y recontrafuck. De no ser porque el peloncito quería conmigo habría perdido mi trabajo en fa. Después de lo que dije sólo acerté a reírme como imbécil y tratar de cambiar el tema, lo cual funcionó pues no se volvió a mencionar nada más.

El susodicho sólo fue dos o tres veces más, para mi fortuna, pues la neta no me sentía muy cómoda atendiéndolo, no sé si fue por lo que dije o porque se le acabó el dinero o porque finalmente aceptó que era un calvo sin remedio. Cualquier opción aplica aquí.

Ojalá le haya crecido más cabello, y si no, espero que le haya salido barato el loquero.

Lau dixit.

jueves, 5 de marzo de 2009

Vivir para cagarla (episodio 6)

Hace algunos meses hubo un accidente en el edificio que se encuentra enfrente de donde yo trabajo. Unos señores estaban pintando cuando la cuerda de uno de los andamios se soltó. El pobre hombre que estaba ahí cayó sobre unos cables y se electrocutó. Todos estábamos en las ventanas mirando atónitos lo que sucedía.

Unos días después, estaba comiendo con unos amigos y compañeros y el tema salió a colación. Yo, para variar, hice un comentario pendejo e insensible.

-¿Tú viste cómo pasó todo, Lau?
-Sí, pero como me estaban esperando me salí y ya no vi cuando la ambulancia se llevó al señor.
- ¡Seguramente estuvo horrible!
- Pues sí, algo, pero yo no soy del tipo de persona que se pone histérica. Eso sólo te distrae de lo que tienes que hacer pues, además del accidentado, te tienen que atender a ti por tu crisis. Yo difícilmente me pongo así.
-Ahhh...

En eso caí en la cuenta de que había dicho una pendejada del tamaño de mi cola, además de que pasé por alto que ahí estaba una de las señoras que hace la limpieza, que por alguna razón SIEMPRE se meten en las conversaciones ajenas (sin ánimo de discriminar a nadie).

-¡Ay!, yo la verdad sí me puse histérica, pero es que mis hijos trabajan en eso.
- (Lau pensando que quiere que se la trague la tierra.)
- Una de sus compañeras se puso muy mal, ¡hasta empezó a rezar con otra chica!
- (Lau pensando que la religión es una herramienta que emplea mucha gente para hacerte sentir peor. Lau deseando que caiga un meteorito o que pase algo que distraiga a todos del tema.)
- Y fíjense que sí estuvo rete feo, porque se cayó en los cables y en eso le salió una llama por la mano y se puso bien rojo y se quedó ahí retorciéndose (traducción: convulsionándose) y los otros señores viendo qué hacían y ya hasta que llegó la ambulancia y...
- (Lau pensando en que ha hecho un gran descubrimiento: las descargas electricas hacen que surjan superpoderes en los humanos. Lau sigue deseando que caiga un meteorito de esos que destruyen la Tierra.)
- Pero bueno, gracias a Dios el señor sobrevivió.
- (Lau pensando que a veces recurrir a Dios no es tan mala idea. Lau agradece a Dios por hacer que la señora se calle.)

Aunque me duela en el ego, tengo que pedir una disculpa pública porque de repente digo pura burrada que ofende a muchas personas, pero de veras, de veritas que no lo hago con mala intención, nace solito. Creo que la enseñanza de esta anécdota me remite a mi consejo del día de ayer, CERRAR EL HOCICO, porque la neta soy enemiga acérrima de los sermones sin sentido de la gente (mmm, entonces no aprendí nada, ¿o sí?).

Para los que sienten preocupación por el estado del señor, pues ya obtuvieron información de la ñora de la limpieza: GRACIAS A DIOS SOBREVIVIÓ. Yo ya no supe nada más.

Para los que están interesados en el estado del edificio, sólo puedo decir una cosa: DEPLORABLE. Tiene manchones de pintura por todos lados (con lo cual compruebo que no es la pintura que se le cayó al señor, más bien sus valedores así pintan de culero).

A los que se interesan por el estado de mis compañeros, tengo que decirles que se encuentran bien, ellos siempre pasan por alto las pendejadas que digo, pues saben que me doy cuenta y me retracto.

A los que estén preocupados por el estado de la señora les comunico que se encuentra bien. Le hacen cortes de pelo horribles y le faltan los dientes de enfrente, pero la verdad desconozco desde cuándo no están ahí, además, no tiene por qué ser malo, seguramente hace muy feliz a su marido.

De seguro nadie se preocupa por mi estado, pero la neta no me importa: sigo diciendo pendejadas insensibles a diestra y siniestra para ofrecer material de calidad a los lectores de este blog.

Lau dixit.

lunes, 5 de enero de 2009

Vivir para cagarla (episodio 5)

A pesar de que no tengo hijos, la víspera al Día de Reyes surge una gran duda: el regalo que le daré a mi sobrina.

El día de ayer mi hermana me preguntó si le compraríamos algún juguete a la niña, pero yo le recordé que su papá dijo que mejor le diéramos ropa, ante lo cual mi carnalita formuló el siguiente cuestionamiento:

"¡Pero si ya le regalamos ropa en Navidad! ¿Qué más podemos comprarle?"


Me quedé pensando unos instantes y sólo acerté a responder:

"Pues cualquier cosa, pero que no sea de Barbie."

Mi madre me echó ojos de pistola, pero no supe por qué. Mi sobrina es megafan de Barbie, así que tiene bolsas, calcetines, playeras, pantalones, blusas y todo lo que se puedan imaginar con la efigie de la anoréxica muñeca, y en Navidad la vistieron con blusa y pantalón de la mentada mona. Hasta donde recuerdo, parecía un helado de fresa. Aun así es bonita la nena.




Mi mamá obedeció las indicaciones de mi hermano al pie de la letra y le fue a comprar ropa a mi sobrina. Terminando de comer nos enseñó los dos vestidos que eligió para la niña y... ¡oh, por Dios!, uno de ellos era... era... ¡¡¡¡¡¡¡¡era de Barbie!!!!!!!!

Cuando vi el vestido, lo único que pude pensar fue: Fuck!!!!!

Por más que lo intento, no aprendo a cerrar el hocico.



Lau dixit.

jueves, 1 de enero de 2009

Vivir para cagarla (episodio 4)

El otro día estaba viendo un programa con un amigo y pasaron un fragmento del video de Los Tres, Déjate caer, y para variar de mis labios escapó un comentario insensible:

"Muchos pendejos creen que esa canción es de Café Tacuba."


Me quedé pensando por un momento y recapacité acerca de lo que había dicho. Mi amigo me dijo que, efectivamente, él también pensó en algún momento que esa canción era del grupo mexicano, por ello le respondí:

"Todos eran pendejos menos tú, por supuesto."

Ese momento fue como estar en un hoyo de arena movediza, donde no importa lo que hagas para salvarte, a fin de cuentas acabarás hundiéndote.

Jaja, por lo visto mi sección contará con más episodios de los que esperaba. Ni pex.

Lau dixit.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Vivir para cagarla (episodio 3)

He aquí una nueva entrega de esta serie:

La semana pasada, Bridget Jones fue un tema que por alguna razón estuvo presente en conversaciones de todo tipo, y pa' colmo pasaron las dos películas en la tele. Total que la condenada güera no me dejó en paz.




Un día de esos, estaba hablando de alguna pendejada (para variar) y sin querer escupí el siguiente comentario ante mi carnalita: "Esa película es la favorita de las solteronas." De veras que fue un momento de pendejismo absoluto, porque hasta donde tengo entendido, a ella le gusta esa movie. Ahora sí que como pensó la buena Bridget en una de las escenas de la peli:"Fuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuck!"

Mi hermana se río, pero estoy segura de que si no fuéramos familia me habría mandado directito a hacerle un blow job al mismísimo satán. Por ello, aprovecho para disculparme y decir: "Hermana querida, perdóname por ser una pendeja insensible."

Lau dixit.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Vivir para cagarla (episodio 2)

En este segundo episodio me gustaría relatar lo que sucedió el viernes pasado.

Como en todas (o casi todas) las empresas de este país, en la que trabajo también hubo comida de fin de año. Obviamente uno se arregla, saca sus garras buenas y hace su mejor intento por no verse tan horripilante (aunque no siempre con muy buenos resultados).

Pues bien, yo hice todo eso, me compré vestido, bolsa, medias, brassiere, abrigo, calzones, etcétera, etcétera, y, por supuesto, un flamante par de zapatos.

Total que ese día me fui bien tempranito a que me peinaran y maquillaran y pos como traía mi vestido en una mano me llevé una mochila para el resto de las cosas, con el fin de ir más cómoda y cambiarme en el momento justo. En cuanto llegué a la oficina me puse a sacar cosas de mi back pack, porque se me ocurrió que me colocaran unas pestañas postizas, pero nunca me puse a pensar que no había elegido el modelo adecuado y ya cuando me vi bien, descubrí que parecía una drag queen. Como era de esperarse hice todo mi desmadrito para arreglar el maquillaje tan bonito que me hicieron sin que se notara que alguna vez las pestañas estuvieron ahí, y en el tejemaneje pos que se me olvidan los zapatos... sí, los ZAPATOS.





Los amables lectores de este blog dirán: "¿Y qué tiene que se le olviden los zapatos? Se regresa por ellos y ya." Pero no, desafortunadamente la cosa no fue así de fácil. Todos estábamos a punto de irnos cuando se me ocurre abrir la mochila, ahí me di cuenta de que no traía los cacles, y que me bajo corriendo del coche sin decir agua va. Entro al edificio y me dicen que ya estaban cerrando todas las oficinas, por lo que me subí cual bólido para taclear al ñor antes de que cerrara la mía. Para variar llegué tarde, al señor nada más le faltaba un piso por cerrar y yo me quedé ahí llorando como imbécil.

El ñor me dijo que buscara un cuchillo y así lo hice, e intentó abrir la cerradura por todos lados pero nomás no se podía. Luego le hablamos al otro ñor y tampoco se pudo. El drama del asunto no era ir con los zapatos feos (porque uno de los ñores me dijo que si no iba elegante, como para consolarme), sino que iban a tomar la foto de la empresa y yo no podía echar a perder mi impecable atuendo. Total que estuvimos en el atolladero casi una hora (aunque a mí me pareció una eternidad) hasta que abrió la chingada puerta.

Como ya me estaban esperando y tenía que llegar a tiempo para la foto, pues que les dejo a los señores dinero para el taxi y yo me fui en coche, cambiándome enfrente de todos, pero ya a esas alturas del partido me daba lo mismo si me veían las chichis o las nalgas. No sé si habrán cagado a los ñores a causa de mi pendejismo, no sé qué vaya a pasar, sólo sé que asumiré la responsabilidad como debe ser. Espero que los señores me disculpen por ser tan mensa.

Nos veremos en otro episodio.



Lau dixit.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Vivir para cagarla (episodio 1)


Me fusilé ese título de una burla que le hicieron a Fox en el Chamuco, donde sacaron varias portadas de libros y para la correspondiente al ex presidente tomaron como referencia la autobiografía de Gabriel García Márquez, Vivir para contarla, con el bebito, la tipografía y toda la cosa.

¿Y por qué elegí ese headline para la entrada del día de hoy? Pues porque me ha seguido una rachita horrible desde hace como quince días, y aunque no soy tan pendeja como el ex mandatario al que hice referencia, tengo la ligera sospecha de que algo estoy haciendo mal para que me vaya como me va. Y la neta ya me cansé.

Hoy dije algo que no debía decir pero que nadie me dijo que no dijera. Sí, es como un trabalenguas. Además de que la cagué me tratan como si hubiera sido mi culpa pero, a todo esto, ¿quién es más culpable?, ¿yo, que abrí la bocota o la persona que no me aclaró que no podía abrirla?

A partir de hoy se abre una sección en este su blog, además de las miles de anécdotas con las que puedo darle continuidad me gustaría que alguien me confiara algún suceso de este tipo para publicarlo con todas las de la ley.

Y como de todo lo que nos pasa en esta vida se puede obtener una enseñanza, la del día de hoy sería: "Aprende a cerrar el hocico, pues aunque parezca que no va a haber pedo, por x, y o z siempre lo hay. El Universo no puede existir sin caos."

Lau dixit.